‘¿A quién le gusta mi follower?’: aciertos y errores del nuevo reality show de Netflix

Luján Argüelles y el espíritu 'tróspido' están de regreso. Tras liderar con éxito programas como '¿Quién quiere casarse con mi hijo?', 'Un príncipe para…' o 'Granjero busca esposa', la querida comunicadora vuelve a la faceta con la que brilló en la televisión tradicional hace no tantos años. Ahora lo hace con '¿A quién le gusta mi follower?' en la principal plataforma de entretenimiento, Netflix, a nivel mundial, ofreciendo al espectador todos los episodios de golpe (a partir del jueves 8 de septiembre) y ejerciendo también de productora ejecutiva (es decir, no solo teniendo voz, también voto).

De la misma forma da un giro a este tipo de formatos y se lanza de lleno al mundo de las redes sociales con tres influencers de renombre como Jedet, Jonan Wiergo y Aroyitt, inundando el show de términos y situaciones propias de la nueva forma de comunicación a través de la red. También tiene como eje principal la ruptura definitiva de clichés al apostar por la diversidad sexual y de género.

A continuación tienes nuestra valoración, sin 'spoilers', tras haber visto cinco de las seis entregas (Netflix no ha facilitado el desenlace a la prensa). Los pros y los contras del gran retorno de la celestina Argüelles.

AciertosLuján Argüelles

Luján es siempre un sí en el entretenimiento. Vuelve con ese brillo en los ojos, con su sentido del humor ácido, pero inocente, con la empatía que tanto la caracteriza hacia los participantes, con sus inevitables gestos, su particular forma de narrar los acciones… sigue siendo ella en estado puro y demuestra que su frescura sigue intacta. Cualquiera que se asome a los programas de Luján sabe que estará en un lugar amable y divertido, algo que se agradece entre tanto espacio oscuro y con malas formas.

Luján Argüelles en la presentación del programa en el FesTVal de Vitoria. (FesTVal) Luján Argüelles en la presentación del programa en el FesTVal de Vitoria. (FesTVal) Jedet y Jonan Wiergo

De los tres asesores del amor, 'coaches emocionales' como son definidos en este espacio, encontramos a una Jedet cañera, divertida y deslenguada, es decir, a la Jedet auténtica que tantos odios y pasiones levanta. Es la más gamberra, también la más sincera, exposición sin filtros que hay que valorar al ejecutar el rol de 'hater imposible de odiar' que, sin saberlo, es tan necesario.

Por el contrario, Jonan Wiergo, que saltó al mundo de la televisión con 18 años siendo concursante polémico de 'Pekín express' (ahora tiene 25), demuestra que ha madurado y ofrece su faceta más tierna, racional y cercana. Él está para aconsejar y ayudar sin ser protagonista, siendo un soporte vital y de plena confianza para su 'follower', logrando una conexión especial.

Los 'followers' y los giros inesperados

Cuando parece que ya está todo inventado en los programas de búsqueda de pareja, va y '¿A quién le gusta mi follower?' da un golpe sobre la mesa. En primer lugar, con los tres protagonistas, Sergio, Apolo y Pixxbe. Tres 'personajazos' de esos que parece que ya no quedan, pero que se entregan en cuerpo y alma, desprejuiciados y viven la vida.

Y en segundo lugar con los giros inesperados. Hemos prometido no hacer 'spoilers', pero ese final del primer programa, que marca ya el ritmo de una de las tres vertientes del reality, es oro puro y te deja sin otra opción que ver el siguiente. Hay un par de bombas más que se agradecen al descuadrarte por completo.

Jedet en uno de los programas. (Netflix) Jedet en uno de los programas. (Netflix) La estética

'¿A quién le gusta mi follower?' tiene un rollazo que te seduce desde el primer momento. Desde los extravagantes estilismos de cada uno de ellos, a los decorados luminosos y coloridos, los modernos grafismos y la impecable banda sonora que acompaña a las historias de amor a base de rap personalizado. Todo lo externo, es decir, lo que rodea al show en un 'segundo plano', suma considerablemente a que sea un producto atractivo.

ErroresRisas limitadas

Estamos ante un formato de humor que pretende que el público que conecte con él se ría, pase un buen rato y desconecte de sus problemas habituales, algo que se consigue a medias. Le falta más cachondeo, más montaje surrealista, más sonidos fuera de lugar… en claras cuentas más locura y desenfreno. Recuerdo que '¿Quién quiere casarse con mi hijo?' era un no para de carcajadas que cuando piensas que no podían dar más, iban y se superaban. Aquí se intenta llegar a esos niveles, hay una clara intención de humor absurdo (en el buen sentido), pero no se logra como se esperaba.

Equipo de '¿A quién le gusta mi follower' en Vitoria. (FesTVal) Equipo de '¿A quién le gusta mi follower' en Vitoria. (FesTVal) Duración

El programa está compuesto por seis programas de unos 45 minutos, haciéndose en no pocas ocasiones largos. Cada vez son más los nuevos proyectos que apuestan por formatos de 20 o 30 minutos, duración que sería la ideal para este por su naturaleza y enredos propios. Este aspecto en verdad tiene mucho de psicológico, pero la forma en la que lo coges, sabiendo el tiempo que le vas a dedicar a cada entrega en comparación con el que tienes o estás dispuesto a dar, determina de alguna manera la sensación con la que ya te sumerges en él.

Emisión

Netflix sigue apostando mayoritariamente por la fórmula que le hizo famoso a nivel mundial: lanzar todo el contenido de golpe para que el suscriptor decida cómo y cuándo ver la serie, programa o documental. Pero en este tipo de espacios, cuyo éxito también radicó en poder comentar todo lo que sucedía a través de las redes sociales, sumando ese punto único de los memes y su originalidad, al poder verlo de una tajada sin un ritmo más o menos común a todos, pierde este importante 'plus'. Netflix debe entender la importancia de este hecho y analizar en profundidad las opciones de cara a la forma en la que sigue ofreciendo contenido de no ficción.

Fuente: El Confidencial